Historia del Espíritu Santo

La historia del Espíritu Santo según nuestro catecismo indica que es la Tercer Persona de la Santísima Trinidad. Lo que significa que aunque existe un solo Dios, él se hace presente en tres personas diferentes. Conocidas como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El Espíritu Santo procede de Dios, de acuerdo con diversas interpretaciones. Sin embargo, es independiente y diferente a Él, es una fuerza y una criatura. Pero, no debemos poner en duda de que en sí, es una persona completamente real. Con el poder para habitar en los verdaderos creyentes de Jesucristo.

Aunque el Espíritu Santo no posee un cuerpo como el que conocemos, hay que estar seguros de que lo que no le falta es personalidad. Que esta, nada tiene que ver con tener o no un cuerpo físico. Esto se debe, a que el Espíritu Santo razona, piensa y tiene mente propia.

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Función del Espíritu Santo

La historia del Espíritu Santo destaca en todo momento, que este nos fue dado por Jesús para morar en aquellos que son firmes en su fe. Además de hacer sentir en la vida de quienes lo llevan dentro, el poder y el carisma de Dios. Edificando en nosotros el amor, el júbilo y la tranquilidad. Aunado a la compasión, la docilidad y la prudencia.

Dios no nos lleva a que seamos como él desea. Sino, que por el contrario, nos invita a que nos dejemos llevar por su gracia a través del Espíritu Santo. De este modo, ser moldeados con las cualidades que para él son necesarias en nuestras vidas.

El Espíritu Santo les otorga a los hombres la sabiduría para dirigir ministerios espirituales. También la autoridad para guiar a sus fieles por el camino de rectitud y bondad. Cualidades que Dios ha pensado para nosotros.

Por otra parte, quienes no son seguidores de su obra, los invita a conocer la verdad de Dios. Los encamina a reconocer cuán perdida está su vida sin la bendición de Dios en ellas. Mostrándoles lo mucho que necesitamos de su perdón, para poder vivir en comunión con la Santísima Trinidad.

Los símbolos en la historia del Espíritu Santo

Al seguir la historia del Espíritu Santo podemos darnos cuenta que en la misma, él se nos representa de muchas formas. Distintas una de la otra, pero que en esencia representan esta divinidad. Entre ellas podemos mencionar:

El Agua

La cual es vertida sobre aquellos nuevos pobladores del mundo como señal de haber recibido el Sacramento del Bautismo por medio del Espíritu Santo.

La Unción

Representa la fuerza que recibe el confirmado al ser ungido con óleo. En el cual, está implícita la presencia del Espíritu Santo que prepara al ungido a ser testimonio de Cristo.

El Fuego

Representa la personificación del poder transformador de las acciones del Espíritu.

La Nube y la Luz

Simbolizan el descenso del Espíritu santo desde los cielos y que nunca deben estar separados.

El Sello

Es una representación muy próxima a la unción. Establece el carácter inalterable del fervor del Espíritu en los sacramentos y se relacionan con la dedicación del cristiano.

La Mano

Es un gesto que llevan a cabo los Obispos, a fin de transmitir a los fieles el don del Espíritu Santo. Este mismo gesto fue empleado por los apóstoles cuando bautizaban a los creyentes.

La Paloma

Es la representación del Espíritu Santo y manifestación reseñada en la Biblia en el momento en que Juan bautiza a Cristo en el Jordán.

El Don de Dios

Al recibir el Bautismo estamos renaciendo en la Gracias del Dios Padre a través del Espíritu Santo. Ya que, los que somos bendecidos con su presencia, pasamos a ser incorruptibles por medio de la Santísima Trinidad.

Es por ello, que sin el Espíritu no tendríamos la posibilidad de ver al Dios Padre y al Dios Hijo. Pues como lo dicen las escrituras, nadie puede conocer al Padre o al Hijo si no acepta en su vida la presencia del Espíritu Santo.

En síntesis, con el Espíritu Santo podemos tener una vida de fe. Contar eternamente con él como nuestro defensor y abogado. Y del mismo modo, declarar con total seguridad que el Espíritu Santo es toda verdad.